Comenzamos por el Antiguo Egipto, allí el ajo se usaba como medicina y en la dieta de los esclavos porque decían que daba fuerza y vigor. Para el Antiguo Egipto el ajo era tan importante que se utilizó de ofrenda en la tumba de Tutankamón.
Seguimos por la Edad Media en España donde el ajo llegó a ser prohibido en la corte de Isabel la Católica, por el mal olor que dejaba.
Y para terminar, la tercera leyenda es la relación entre el ajo y los vampiros. Realmente es porque, antiguamente, los enterradores se colgaban una ristra de ajos para evitar el mal olor de los cadáveres.