En plena tormenta sobre la vivienda nos encontramos con el caso de Esperanza. A sus casi 80 años, lleva casi dos años esperando recuperar su casa, después de que la familia a la que se la alquiló dejara de pagar el alquiler y los suministros.
Hace ocho años, Esperanza alquiló su vivienda, situada en el barrio madrileño de Tetuán, a una familia por 900 euros al mes. Sin embargo, desde el 25 de febrero de 2025 dejó de percibir los pagos. La deuda acumulada, asegura, ronda ya los 20.000 euros.
La situación ha obligado a Esperanza a abandonar su vivienda habitual y regresar a la casa que sus padres le dejaron en Navalagamella, un inmueble que, según explica, no reúne las condiciones necesarias para una persona de su edad.
La vivienda de Tetuán, en cambio, está adaptada a sus necesidades: cuenta con ascensor, su hermano vive al lado y tiene cerca a sus médicos. Por eso, su deseo es poder regresar cuanto antes.
Mientras tanto, asegura que continúa haciéndose cargo de los gastos de la vivienda, como la comunidad. También afirma que el suministro de gas ha sido cortado y que algunos vecinos han visto su inquiokupa utilizando un hornillo en el interior del inmueble.
"Me da miedo porque le han visto por la ventana con un infiernillo que enciende y son vecinos todos ya de toda la vida, de mis padres también aquello, y prenda fuego", relata Esperanza.
La llegada del frío aumenta su preocupación, especialmente por la presencia de menores en la vivienda, una circunstancia que estaría dificultando el desalojo. "Pero es que yo lo que me extraña es que ella se va por las noches y los niños los deja solos", asegura.
Esperanza también teme por el estado en el que podría encontrarse su vivienda. "Me han dicho que eso es para hacerle nuevo ya otra vez", explica, después de conocer por terceros cómo estaría actualmente el inmueble.
El caso se encuentra judicializado y Esperanza espera ahora una sentencia que determine el futuro de la vivienda y le permita recuperar su casa.
Mientras llega esa resolución, continúa viviendo en Navalagamella, en una vivienda que, según explica, es fría y cuenta con escaleras, unas condiciones que considera poco adecuadas para su edad.
Después de casi dos años, Esperanza solo quiere volver a su casa de Tetuán, recuperar su vivienda y dejar atrás una situación que le está suponiendo un importante desgaste personal y económico.