La historia del Domingo de Ramos nos transporta a la ciudad de Jerusalén donde hace más de 2 mil años Jesús hizo su entrada montado sobre un burro. La multitud le recibió con los brazos abiertos agitando palmas y ramos de olivos.
Los ramos se colocan en ventanas y balcones para hacer recordatorio de que Dios está presente en cada casa. Para que las palmas sean blancas, se tapan durante 9 meses impidiendo que la fotosíntesis se cumpla y consiguiendo que pierdan el color verde.